lunes, 5 de julio de 2010

Homilía Vigilia Pascual 2010

Este es un resumen de la homilía que ofreció el padre abad Guillermo Arboleda, en el transcurso de la celebración de la Vigilia Pascual del año 2010.

El himno del capítulo primero de la Carta a los Efesios expresa muy bien lo que esta noche canta la Iglesia a su Señor:

“BENDITO SEA DIOS, PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO QUE NOS HA BENDECIDO EN LA PERSONA DE CRISTO CON TODA CLASE DE BIENES ESPIRITUALES Y CELESTIALES”.

En el Pregón Pascual escuchamos con insistencia la expresión ESTA ES LA NOCHE: Sí, esta es la noche en la que por esta sagrada liturgia entramos en el eterno hoy de Dios.

Esta es la noche luminosa en la que el Dios de la luz y de la vida disipó las tinieblas y venció la muerte.

Esta noche somos humanidad creada y recreada; Dios mira complacido su obra. Su gran obra culminada: el hombre y la mujer, sus hijos, recreados en el Hijo, vencedor de la muerte.

“Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría”. Bendice alma mía al Señor.


¡Bendigamos al Señor!

Sí, alabemos al Señor porque las bendiciones prometidas a Abraham, de quien somos estirpe en la fe, por su obediencia, se derraman generosas sobre nosotros, por Jesucristo el Señor, que es también de la misma descendencia de Abraham.

Esta es la noche santa en la que con Israel liberado de la esclavitud de Egipto vemos el brazo poderoso del Señor que nos levanta como nueva humanidad con Cristo resucitado de la muerte.
“Cantemos al Señor, sublime es su victoria”

Esta es la noche de nuestros desposorios. El que nos hizo nos toma por esposa. Él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo, hijos suyos, discípulos del Señor, gozando de su paz y consolidados en la justicia.
“Te ensalzamos Señor porque nos has librado”

Esta es la noche santa de la nueva y eterna alianza en que se cumplen las amorosas y fieles promesas hechas a David, en uno de su linaje, en Jesucristo resucitado de entre los muertos.
“El Señor es mi Dios y mi Salvador, confiaré y no temeré”

Esta es la noche en la que Cristo vencedor de la muerte nos abre el oído, effetá, ¡ábrete!, y nos revela por su Espíritu la ciencia de Dios. Felices somos, Israel, pues lo que agrada al Señor se nos ha revelado.
“Señor, tú tienes palabras de vida eterna”

Esta es la noche en que Dios revela su nombre a las naciones por medio de sus hijos, de nosotros, santificados por el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos. Congregados de todos los pueblos, lavados con el agua pura del bautismo, recibimos un corazón nuevo en el que el Padre infunde su mismo Espíritu. Comprendamos, pues, que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo.
“Hemos muerto al pecado y vivimos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro”

Esta es la noche en la que por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
“Y así esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”

Guiados por el lucero matinal que no conoce el ocaso, Cristo el Señor, que brilla sereno para el linaje humano, apliquemos el oído, oigamos lo que el Espíritu dice esta noche a su Iglesia y viviremos. Busquemos al Señor.
“Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Yahvé, que tiene compasión y es grande en perdonar”.

Confesemos nuestra fe, renovemos nuestra profesión de fe bautismal: ¡SOMOS HOMBRES NUEVOS, HIJOS RESCATADOS!

Demos gracias al Padre por Cristo en el Espíritu.

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